Rubén Cruz

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Queridos todos: luchad por ser felices.

Tengo el honor de dirigiros la palabra y, aunque es una fuerte responsabilidad, lo hago con mucha satisfacción, pues me parece un privilegio representar al sector docente en este humilde, pero importante acto de graduación.

La verdad es que os voy a hablar con el corazón, como me hubiera gustado que me hablaran a mí a vuestra edad y que no tuve la suerte de escuchar.

Yo cumplí los 18 años que tenéis o vais a cumplir vosotros, en 1968, con el famoso mayo del que ahora se celebra el 40 aniversario.

Creo sinceramente, que en este revival os están dando “gato por liebre”. Se olvidan de España y de Madrid.

En el 68, los estudiantes fundamos el SDEUM y hubo grandes movilizaciones obrero-estudiantiles por la libertad y la democracia, de la que hoy, todos nosotros, estamos disfrutando.

En mayo del 68 se generaron una serie de prácticas que expresaban una intensa dedicación a la política, entendida como el interés de todos los individuos y no como el interés de los especialistas o de los profesionales.

Estoy con André Glucksmann, cuando dice: “En 1968 predomina un sentimiento insólito: la historia depende de los ciudadanos”
De ahí se desprende lo primero que os quiero transmitir: “Que seáis sujetos activos, no pasivos, en el proceso histórico que os ha tocado vivir”

Que tengáis ideales altos y limpios y que nunca renunciéis a ellos; que es preferible enarbolar la bandera de la justicia, la paz y la libertad por muchos revolcones que se sufran a lo largo del camino, que ir de triunfadores, engordando las filas de los que se sitúan en lo políticamente correcto”.

En segundo lugar, os quiero enviar un mensaje de esperanza. Es tentador rendirse, fracasar de entrada y sin luchar, antes de que te fracasen los demás. Pero es una elección bastante estúpida, porque el único fracaso irremediable y verdadero es no vivir y porque el miedo al dolor es peor que el dolor mismo.

¡Que no se agite en vosotros el gusano de la rendición! ¿Para qué seguir insistiendo en enamorarme?, ¿para que seguir estudiando o haciendo deporte?, ¿para qué esforzarme en ser actor o investigador o ingeniero de Caminos, esas vocaciones exigentes y arriesgadas, pudiendo apoltronarse en un empleo seguro dentro de una empresa mediocre?

Yo os pregunto ¿por qué arrastrarse o reptar, cuando se puede volar?

Quiero en tercer lugar, hacer una referencia a la educación que habéis recibido en nuestros colegios.

Dice un refrán africano que “para educar a un niño hace falta todo un pueblo”. Así lo entendemos aquí. En vuestra educación participan, además de nuestras familias, todos los sectores: el docente y el no docente. Somos una cooperativa y lo que rige para nosotros es lo que transmitimos de manera espontánea y continua: “rigor, puntualidad, exigencia, trabajo, honestidad, solidaridad”.

A veces habéis protestado del excesivo rigor disciplinario, uniformes, horarios, tareas…, pero vuestros padres han seguido confiando en nosotros, porque, entre otras cosas, todo ello nos ayuda a mantener un alto grado de convivencia y un correcto progreso académico.

En una democracia todo ciudadano tiene derecho a ser educado como un príncipe y jamás ejercer el gobierno aquél que no ha sido gobernado.

Vosotros no solo vais a salir airosos de la prueba, sino que vais a ser unos excelentes profesionales, comprometidos con vuestro mundo.

Quiero finalizar diciéndoos que “améis la vida” porque merece la pena ser vivida. Los humanos somos repúblicas de células en un número de 5x10 y nuestro adn tiene 3.800 millones de años de historia y tal prodigio no se puede obviar ni desaprovechar.

Querido alumno:

No eres más que una criatura en el universo pero no menos que los árboles y las estrellas, tienes derecho a estar aquí.

Sin renunciar a ti mismo, esfuérzate por ser amigos de todos.

Di tu verdad, quietamente, claramente.

Escucha a los otros aunque sean torpes e ignorantes; cada uno de ellos tiene una vida que contar

Ama tu trabajo aunque sea humilde. Es el tesoro de tu vida.

Sé prudente en tus negocios, porque en el mundo abundan las gentes sin escrúpulos. Pero que esta convicción no te impida reconocer la virtud; hay muchas personas que luchan por hermosos ideales y donde quiera, la vida está llena de heroísmo.

Pese a tus falsedades, penosas luchas y sueños arruinados, la tierra sigue siendo hermosa. Sé cuidadoso. Lucha por ser feliz.

Queridos todos, luchad por ser felices.

Nos lo merecemos.