José Hierro con nosotros.

Informe de Mª Eugenia Castro.

TVE Recoge la noticia

Diario EL MUNDO:

 

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Uno de los Jueves de Gredos que más huella dejó en nosotros. 8 de abril de 1999

A la misma hora en la que Domingo Yndurain hacía pública la elección de Jose Hierro para ocupar el sillón "G" de la Real Académia Española, el poeta leía versos a los alumnos de Secundaria de nuestro centro.

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José Hierro nace en Madrid el 3 de abril de 1922, pero su familia se traslada a Santander, ciudad en la que vivió su niñez y adolescencia. Junto al mar surgirá tempranamente la necesidad de comunicar para expresar emociones, para saberse, para comprenderse. Siendo un chaval, entre los quince y los diecisiete años, publica ya sus primeros versos, afortunadamente recuperados y recopilados en la recién publicada Antología poética 1936-1998 recién editada por Espasa Calpe.(¡Gracias al profesor Gonzalo Corona por su trabajo!).

1936, tiempos huracanados de guerra civil. Su padre, empleado de telégrafos y republicano es encarcelado cuando las tropas de los sublevados entran en Santander. En 1939 José, el hijo, es detenido y acusado de pertenecer a una red clandestina de ayuda a los presos. Ingresa en la Prisión Provincial, recorriendo una serie de cárceles del país hasta ser puesto en libertad en 1944.

Negros tiempos de posguerra, de represión, de miedo, de pobreza y de aislamiento. José Hierro escribe poemas jóvenes, electrizantes, "exaltados y exaltantes". Hasta 1946 vive en Valencia, donde colabora en la revista Córcel. Lee a Lope de Vega, a Rubén, a Machado, a Juan Ramón, a Gerardo Diego...

En 1947 regresa a Santander. En este año publica su dos primeros libros Tierra sin nosotros, homenaje a una generación que perdió la guerra y con ello sus sueños, y Alegría, canto de amor a la aventura de vivir. Desempeña varios oficios tornero, redactor... Colabora en la revista Proel.

En 1952 se traslada definitivamente a Madrid, donde comienza a trabajar en el CSIC, en la Editora Nacional, en el Ateneo. Corren los años cincuenta, todavía difíciles y oscuros. José Hierro se vincula a una corriente de poetas que entienden que el valor de la poesía no se apoya tanto en los elementos puramente estéticos del poema como en el compromiso ético con un tiempo y con hombres y mujeres concretos, con un aquí y un ahora. Poesía a contrapelo es la vigorosa Poesía social de Gabriel Celaya, Blas de Otero, Ángela Figuera, Rafael Morales, Ramón de Garcíasol, Carlos Bousoño, Vicente Gaos, Leopoldo de Luis y Gloria Fuertes, entre otros.

Publica Con las piedras, con el viento (1950) y Quinta del 42 (1953), dedicado a esa otra generación que no vivió la guerra. Sin dejar nunca su voz solidaria, José Hierro crea su verso desde su realidad personal, desde sus recuerdos personales o desde los recuerdos colectivos. "La poesía siempre es experiencia, la que yo he vivido o la que puedo vivir en la vida de otros". Dos libros más intimistas e existenciales, Estatuas yacentes (1955) y Cuanto sé de mí, (1957), continúan su trayectoria.

España comienza a industrializarse, crecen los núcleos urbanos, se afianzan las clases medias y obreras... Y llega el cansancio. La Poesía social poco a poco se irá agotando. Los poetas del compromiso ético comenzaron a desconfiar de la poesía como instrumento para cambiar el mundo. Blas de Otero dirá con amargura: "Apenas me leen los analfabetos ni los obreros".

Los años sesenta. En los ambientes estudiantiles los jóvenes universitarios "descubrirán" la Poesía social a través de los cantautores. Mientras esto ocurre, José Hierro publica en 1964 su Libro de las alucinaciones, obra valiente donde a temas como el mar o el mundo clásico añade elementos cosmopolitas y de la imaginería moderna precursores del vitalismo de los poetas de "Medio Siglo": Ángel González, José Ángel Valente, Francisco Brines, José Mª Valverde, Jaime Gil de Biedma, Claudio Rodríguez, José Agustín Goytisolo, Félix Grande, José Manuel Caballero Bonald, Carlos Sahagún...

"La poesía se escribe cuando ella quiere y no cuando uno quiere". Tras el Libro de las alucinaciones vinieron los años de silencio, de largo y digno silencio... El retorno de José Hierro llegó con Agenda en 1991 y tras "siete años de sequía" con Cuaderno de Nueva York en 1998, su último libro. Estos títulos han consagrado la categoría de su lírica, así como el respeto que la crítica y el público lector tuvieron desde siempre a su obra.

Para mantener a su familia, a Angelines su mujer y a sus cuatro hijos, trabajó durante años como periodista, ensayista, crítico, conferenciante... ¡Qué difícil es vivir de la poesía!. Pero él es, como todos los poetas, un trabajador de la palabra: " "La poesía está en cualquier sitio, sólo hay que registrarla; y como cuando tienes hambre, te aparece esa imagen que tenías almacenada en el frigorífico, la sacas, la cocinas y te la comes. Eso es lo que yo hago, es un proceso muy lento, se debe ir construyendo poco a poco. Al final cuando terminas, has creado un poema. El primer sorprendido debe ser uno mismo".

Su "oficina", como él dice, es el Bar La Moderna, allí se encuentra a gusto, entre las conversaciones de los parroquianos, allí se pelea con esos poemas que se resisten, que se "encasquillan", hasta domarlos, corrigiendo, buscando la palabra eficaz para la que no existen sinónimos, la esencia de lo poético en la tensión verbal, en la concentración...

De Cuaderno de Nueva York se han vendido 10.000 ejemplares, cifra nada desdeñable para un poemario. Los afortunados lectores hemos seguido los pasos a Pepe Hierro (permitidme ya la familiaridad) por la isla de Manhattan, en un recorrido familiar y al mismo tiempo iniciático, lleno de trozos de memoria, de sombras vivas, de queridas criaturas que nunca estuvieron en Nueva York, de hermosos cuentos, y juntos hemos oído el clarinete de Rapsodia en Blue, nos hemos sentado con Beethoven sobre la cama de un hotel frente el mudo televisor, hemos agonizado con las ballenas de Long Island, nos hemos abrazado en el baile con el músico alemán de la peluca blanca y la esclava africana, hemos cantado, borrachos, en yiddish, nos hemos reencontrado con Gloria Fuertes en New Yersey y con Miguel de Molina en la orilla del East River, llorando, siempre llorando, para, finalmente, despedirnos, con bourbon en los labios en el Kiss bar.

"La poesía dice más de lo que dice, la prosa dice justamente lo que quiere decir, y la retórica dice menos de lo que dice". La palabra de José Hierro seduce. Es la seducción producida por la lucidez de su mirada sobre lo concreto, por la proximidad, sinceridad y calor de su tono directo; es la sugestión que produce el fluir libre de las emociones y de las inquietantes imágenes visionarias. Pero...¡Qué difícil resulta hablar de la belleza cuando ésta siempre se encuentra empeñada en situarse en un más allá celoso de sus dominios que no gusta ser delimitado ni definido...!

Conscientemente hemos dejado para el final la referencia a los premios, porque a nuestro poeta no le gusta hablar de ello. En diciembre de 1998 se le concedió el Premio Miguel de Cervantes por una trayectoria poética destacada unánimemente como una de las más sólidas y significativas de la poesía española de este siglo. La noticia le sorprendió en Barcelona, y cuentan las crónicas que tras conocerla se echó la siesta y los amigos hubieron de despertarlo "a garrotazos" porque le estaban esperando en el hotel los periodistas, los telegramas y los parabienes.

Este premio se incorpora a otros atesorados tan importantes como el Adonais de poesía en 1947, el Premio Nacional de Poesía en 1953, el de la Crítica en 1958 y 1965, el Juan March de Poesía en 1959, el Príncipe de Asturias en 1981 y el Reina Sofía en 1995. Curiosamente en los tiempos que corren, José Hierro es uno de esos grandes hombres sencillos que no se ha dejado tentar por la gloria, los laureles y el ceremonial. En varias ocasiones, ha rehusado ser propuesto para algún sillón vacante en la Real Academia Española de la Lengua, respondiendo con sorna:" No, muchas gracias. No podría ir a la Academia, porque a mí me gusta ir en zapatillas...". Parece que la negativa esta siendo reconsiderada porque ha declarado recientemente que "llega un momento en que una negativa es una ordinariez". Nos felicitamos por ello.

Es una suerte para nosotros que José Hierro no sepa decir que "no" cuando se requiere su presencia. Poeta leído y querido, queremos expresarte el reconocimiento de la Unión de Cooperativas de Enseñanza de Madrid por haber tenido el honor de contar, desde ya hace largo tiempo, con tu apoyo en certámenes literarios infantiles, en recitales poéticos, en la clausura del VIII Congreso de UECOE, así como agradecerte que estés junto a nosotros en este acto organizado por la Asociación Cultural Gredos-San Diego, más aún cuando te imaginamos muy agobiado redactando el discurso para recibir el Cervantes (y eligiendo la corbata).

Amigo poeta, es posible que la poesía no esté de moda, es posible que sea el género literario del que resulta más difícil vivir, es posible que la poesía no sea un arma cargada de futuro, pero las alumnas y alumnos, los profesores y profesoras de este Centro queremos daros las gracias, a vosotros los poetas, al permitirnos participar de vuestras emociones, de vuestras soledades, de vuestros sueños... que, gracias a la palabra, se hacen también nuestros.

Por último, nuestro recuerdo a José Agustín Goytisolo, poeta apasionado y dolorido, que en su último vuelo nos ha dejado a todos, -al igual que a Julia-, un poco huérfanos.

José Hierro está acostumbrado a poner la voz a sus poemas porque dice que la poesía, al igual que la música, se entiende mejor cuando se escucha. Sus versos se apoyan en el ritmo como modo de dar emoción a la palabra..., como no podría ser menos viniendo de un apasionado de la música. Oigamos tu voz, oigamos tu música.

Mª Eugenia Castro
Jefa del departamento de filología